La sarcopenia es una enfermedad muscular asociada a una disminución de la fuerza y de la cantidad o calidad del músculo. Es más frecuente con la edad, pero no debe considerarse una consecuencia inevitable ni confundirse simplemente con “estar mayor”. Detectarla pronto permite intervenir sobre factores que pueden mejorar la función y reducir el riesgo de caídas y dependencia.
El consenso europeo EWGSOP2 sitúa la baja fuerza muscular como una característica central: cuando existe fuerza reducida se sospecha sarcopenia; la medición de la cantidad o calidad muscular ayuda a confirmar el diagnóstico y un rendimiento físico bajo indica mayor gravedad.
¿Qué es la sarcopenia?
Con el paso de los años puede disminuir la masa muscular, especialmente si hay inactividad, enfermedades crónicas, hospitalizaciones, pérdida de peso o una alimentación insuficiente. La sarcopenia aparece cuando ese deterioro muscular se traduce en pérdida relevante de fuerza y función.
No es lo mismo que:
- Fragilidad: un síndrome más amplio de vulnerabilidad que puede incluir problemas físicos, nutricionales y otros factores.
- Desnutrición: puede favorecer sarcopenia, pero no son sinónimos.
- Caquexia: pérdida compleja de peso y músculo asociada a determinadas enfermedades.
Puedes ampliar el concepto de fragilidad en nuestra guía sobre fragilidad y deterioro funcional en personas mayores.
Señales que pueden hacer sospechar sarcopenia
- Dificultad creciente para levantarse de una silla sin usar los brazos.
- Menor fuerza para cargar bolsas o abrir recipientes.
- Caminar más despacio que antes.
- Cansancio o dificultad para subir escaleras.
- Caídas o tropiezos frecuentes.
- Pérdida visible de masa muscular o de peso sin buscarlo.
- Peor recuperación después de una hospitalización o periodo de reposo.
Ninguno de estos signos confirma el diagnóstico por sí solo. También pueden aparecer por artrosis, enfermedades neurológicas, problemas cardiacos, anemia, dolor, depresión u otras causas.
¿Cómo se diagnostica?
La valoración profesional puede comenzar con preguntas de cribado y pruebas sencillas de fuerza y función. Entre las herramientas utilizadas en práctica clínica se encuentran:
- Fuerza de prensión con dinamómetro.
- Prueba de levantarse repetidamente de una silla.
- Velocidad de la marcha.
- Timed Up and Go u otras pruebas funcionales.
Para estimar masa muscular pueden emplearse técnicas como DXA o bioimpedancia en contextos adecuados. La interpretación depende de sexo, talla, estado clínico y valores de referencia. Una báscula doméstica de “composición corporal” no es suficiente para diagnosticar sarcopenia.
¿Se puede tratar la sarcopenia?
La sarcopenia se puede abordar y la función puede mejorar, especialmente cuando se combinan ejercicio adecuado, nutrición suficiente y tratamiento de enfermedades o factores que están contribuyendo.
Ejercicio de fuerza progresivo
El entrenamiento de resistencia o fuerza es una de las intervenciones con mejor respaldo. Puede incluir levantarse de una silla, bandas elásticas, máquinas, pesos o ejercicios con el propio cuerpo, siempre adaptados a la capacidad de la persona.
No existe una rutina universal. Quien ha sufrido caídas, fracturas, enfermedad cardiaca, dolor importante o una hospitalización reciente puede necesitar valoración antes de iniciar o intensificar el ejercicio.
Actividad física y equilibrio
Además de fuerza, conviene trabajar equilibrio, movilidad y capacidad aeróbica según tolerancia. Caminar es útil, pero caminar por sí solo puede no aportar suficiente estímulo de fuerza para una persona con sarcopenia.
Alimentación y proteínas
La AESAN destaca la importancia de asegurar suficientes alimentos proteicos de calidad en las personas mayores y recuerda que la pérdida de masa muscular puede verse acelerada por enfermedad, inactividad y dieta inadecuada.
Fuentes de proteína incluyen:
- Pescado, huevos, carne y lácteos.
- Legumbres.
- Frutos secos y semillas cuando la masticación sea segura.
- Combinaciones vegetales adecuadas, como legumbres con cereales.
La cantidad necesaria no es idéntica para todo el mundo. Enfermedad renal, bajo peso, diabetes, dificultad para tragar u otras patologías pueden modificar el plan. Los suplementos de proteína no son obligatorios ni sustituyen a una alimentación suficiente; deben valorarse cuando exista una indicación concreta.
Para una visión más amplia, consulta nuestra guía de nutrición en personas mayores.
¿Sirven los suplementos de proteína?
Revisiones recientes encuentran que añadir determinados suplementos proteicos al ejercicio de fuerza puede aportar beneficio en algunos adultos mayores con sarcopenia o alto riesgo, pero la certeza y magnitud del efecto varían entre estudios. No existe un suplemento único demostrado como “el mejor” para todas las personas.
Antes de comprar productos por cuenta propia conviene revisar alimentación habitual, objetivos, función renal, medicación y si realmente existe un déficit de ingesta.
Vitamina D y otros suplementos
La vitamina D debe corregirse cuando existe deficiencia o una indicación médica, pero tomar dosis altas sin control no constituye un tratamiento universal de la sarcopenia. Lo mismo ocurre con leucina, HMB y otros productos comercializados para el músculo.
Factores que pueden empeorar la pérdida muscular
- Reposo prolongado o inmovilización.
- Hospitalizaciones repetidas.
- Bajo consumo de alimentos o pérdida de apetito.
- Dolor que limita el movimiento.
- Enfermedades crónicas mal controladas.
- Aislamiento, depresión o dificultades para comprar y cocinar.
- Problemas dentales o deglutorios.
Qué puede hacer la familia en casa
- Observar cambios en fuerza, marcha y capacidad para levantarse.
- Evitar hacer por la persona todo aquello que todavía puede realizar con seguridad.
- Facilitar comidas completas y regulares.
- Seguir el programa de fisioterapia o ejercicio indicado.
- Reducir obstáculos del hogar si existe riesgo de caída.
- Consultar si hay pérdida de peso involuntaria, caídas frecuentes o deterioro rápido.
Cuando la pérdida de fuerza dificulta el aseo, las compras o las actividades cotidianas, un apoyo domiciliario puede ayudar a mantener autonomía sin sustituir innecesariamente las capacidades conservadas. Puedes consultar los servicios de PIMOSA.
Fuentes consultadas
- EWGSOP2: consenso europeo revisado sobre definición y diagnóstico de sarcopenia.
- AESAN: orientaciones dietéticas para personas mayores.
- Revisión sistemática: proteína y ejercicio de resistencia en sarcopenia.
Contenido revisado en octubre de 2026. La evaluación y el tratamiento deben adaptarse a cada persona por profesionales sanitarios.
¿Necesitas ayuda para cuidar a un familiar?
En PIMOSA te orientamos sobre opciones de apoyo y cuidados adaptadas a cada situación.
Solicitar información
